Hermanas de Ícaro

Proyecto de exposición : < Hermanas de Ícaro > pretende ayudar a restaurar presencias protagonistas, frente y ante las escasas referencias o la ausencia, de la mujer en las escenas del relato que nos fueron proponiendo históricamente. También ayudar a modificar la narrativa y la plástica masculina desde la que se trasmitió y se sigue trasmitiendo desgraciadamente la cultura de propiedad sobre las mujeres.

< Hermanas de Ícaro > < Hermanas de Ícaro > es un conjunto de pinturas, pinturas digitales y esculturas que surgen sobre la idea de desmontar arquetipos plásticos, conceptuales y narrativos. Esta exposición intenta ayudar a plantear una nueva consideración del valor-varón que fue mayoritario y aplastantemente considerado como el único arquetipo heroico y protagonista de las narraciones mitológicas pertenecientes a nuestra cultura occidental. < Hermanas de Ícaro >comporta un dialogo de carácter didáctico. Por lo que sería necesario además introducir de manera intercalada y entre las obras, los siguientes paneles-textos: (para una mejor comprensión de la exposición intercalo algunas obras con los textos)

Sumergido en el mundo de Ícaro busco una libertad,
pero es imposible tamizarla desde la imagen arquetípica
del hombre.
La persigo en la imagen mitológica pero se sumerge y se
escapa.
Se diluye ante el enfrentamiento de ser uno solo, un
hombre solo, un ser humano.
Por ir más allá en la condición humana, subvierto el orden
patriarcal de la creación ar-tíst-ica.
Necesito eximir del dolor a Icaro.
Sí, ya sé, no hay identidad masculina en la buena fe. Pero
la busco.

Me debato: no alto, ni bajo. Llegó inexorable al desplome
y “al sol partido”.
Dédalo, el asesino de Talos, rebasa el límite de su encierro
creando la irrealidad patriarcal que al mismo tiempo lo
atrapa
Elevado entre el sumun prominente y la caída súbita. Me
pierdo, entre alas cimeras y ante el vertiginoso “sol podrido”
y en la inaudita violencia de Bataille.

¡Hay sol abstracto!, de concepción, la más elevada, puesto que, es
imposible mirarte fijamente. No quiero describir más la noción de sol.
No quiero emascular más ningún falso sentido de serenidad
Narciso y el patriarcado, y el hombre, … el hombre, que mira
sin ser mirado.
Estándares de hombre.

Al igual que Ícaro, todos nos hemos puesto las alas de Dédalo
¡¡Quizás una oportunidad para construir la relación entre
ilusión y realidad!!
¡¡¡No más imaginarios mitológicos de hombres degollándose a
si mismos!!!

Solo sé que tras el resplandor de aquel sol roto, a fuerza de ser podridamente partido, solo, algunas
lágrimas humanas brotaron.
Solo, salieron de los ojos de las veladas hermanas de Ícaro, de las ocultadas, de las aladas hijas de Dédalo.
Aquellos lloros heliádicos parecidos a los de las hermanas arbóreas de Faetón.

Las cuidadoras, las hijas de Naúcrate,
las celadas parientas de Ícaro

Solo lloran las guardianas de la ley de la
madre.
Todas negras y viejas.

Hermanos.Hombres. La heteronorma,
el espacio marcado entre los dos soles, no es la zona
de seguridad; solo es un lugar cómodo al patriarcado.

Escucho el lloro de la mujer negra alada con
cabello blanco y me convierto en la mujer, negra,
pobre, vieja con cabello blanco y sumo mi hombría
disolviéndola.

Revoloteo personificando el vuelo de Ícaro, aunque
no quiera, y me poso muy cerca de unas pocas:
aunque no quieran las solas y las tristes bailarinas

“Sol podrido”
Bataille, Georges (1897-1962):

El sol, humanamente hablando (vale decir, por cuanto se confunde con la noción de mediodía), es la concepción más elevada. Es también lomás abstracto, porque es imposible mirarlo fijamente en dicho momento. Para terminar de describir la noción de sol en el espíritu de aquél que, debido a la incapacidad de los ojos, debe necesariamente emascularla, hay que decir que ese sol posee poéticamente el sentido de la
serenidad matemática y de la elevación de espíritu. En cambio si, pese a todo, se lo fija con suficiente obstinación, hay supuesta cierta locura
y la noción cambia de sentido porque, en la luz, ya no es la producción sino el desecho lo que aparece, vale decir la combustión, expresada
bastante bien, sicológicamente, por el horror que provoca una lámpara de arco en incandescencia. En suma, el sol fijado se identifica a la
eyaculación mental, a la espuma en los labios y a la crisis de epilepsia. Y así como el otro sol (ese que no se mira) es perfectamente bello, éste
que miramos puede ser considerado como horriblemente feo. Mitológicamente, el sol visto se identifica con un hombre que degüella un toro
(Mitra), con un buitre que devora el hígado (Prometeo); con ése que mira con el toro degollado o con el hígado devorado. El culto mitríaco del
sol culminaba en una práctica religiosa muy expandida: desnudo se metía alguien en una suerte de fosa cubierta por un enrejado de madera
sobre el cual un sacerdote degollaba un toro; así, de pronto recibía una ducha de sangre tibia, acompañada de un ruido de lucha del toro
y de mugidos: simple manera de recoger moralmente las virtudes del sol enceguecedor. Es obvio que el toro mismo claro que degollado
es por su parte una imagen del sol. Asimismo ocurre con el gallo, cuyo grito horrible, peculiarmente solar, siempre es vecino de un grito de
degolladura. Puede agregarse que el sol también ha sido expresado mitológicamente por un hombre degollándose a sí mismo y también por
un ser antropomorfo desprovisto de cabeza.
Todo esto nos conduce a decir que el summum de la elevación prácticamente se confunde con una caída súbita, y de inaudita violencia. El
mito de Ícaro es singularmente expresivo de este punto de vista: parte claramente el sol en dos, uno que resplandece en el momento de la
elevación de Ícaro y otro que hizo la cera fundirse, determinando la defección y la caída chillona cuando Ícaro se aproximó demasiado.
Esta distinción de dos soles a partir de la actitud humana es de enorme importancia por el hecho de que, de ese modo, los movimientos
sicológicos descritos no son, en su impulso, momentos desviados y atenuados por elementos secundarios. Pero esto indica por otra parte que
sería a priori ridículo tratar de determinar equivalencias precisas de tales movimientos en una actividad tan compleja como la pintura. No
obstante es posible decir que la pintura académica correspondía más o menos a una elevación de espíritu sin exceso. En la pintura de hoy, en
cambio, la búsqueda de una ruptura de la elevación llevada hasta su extremo, y de un resplandor con pretensión enceguecedora, participa en
la elaboración o en la descomposición de las formas, pero esto a lo sumo se manifiesta en la pintura de Picasso.

La exposición además se completa con cuatro esculturas de madera. Metal y fibra sintética de las que se
introducen algunos registros,

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